1) ¿Cuáles son las principales oportunidades que la IA está abriendo en el ecosistema de pagos en España?
Durante mucho tiempo, la conversación sobre inteligencia artificial en pagos ha estado casi monopolizada por el fraude. Y aunque sigue siendo un ámbito crítico, hoy ese enfoque resulta claramente insuficiente para explicar el verdadero alcance del cambio. La gran oportunidad que abre la IA no está solo en proteger el sistema, sino en redefinir qué significa pagar. El pago deja de ser un paso final y automático del proceso de compra para convertirse en un momento clave de decisión, cargado de contexto, información y posibilidades de optimización.
La IA permite que, en tiempo real, el sistema decida cómo enrutar una transacción, qué método priorizar según el perfil del cliente o del comercio, cuándo introducir fricción y cuándo eliminarla, cómo equilibrar coste y conversión o incluso cuándo posponer un cobro. En este nuevo escenario, pagar ya no es un acto mecánico, sino una decisión inteligente y contextual, integrada en la experiencia global del usuario y en los objetivos del negocio.
A esta evolución se suma el avance hacia el agentic commerce, donde los sistemas no solo analizan o recomiendan, sino que actúan. Hablamos de agentes capaces de ejecutar flujos completos de forma autónoma: autorizar pagos, ajustar reglas de riesgo, gestionar cobros recurrentes, activar acciones comerciales o adaptar la experiencia en función del comportamiento real del cliente. La IA deja de ser una capa de apoyo para convertirse en una capa operativa dentro del ecosistema de pagos.
Otra oportunidad clave está en el uso del dato. El sector lleva años acumulando enormes volúmenes de información, pero con un impacto limitado en la toma de decisiones. La IA permite dar un salto cualitativo: pasar del reporting descriptivo al insight accionable, identificando patrones que no son evidentes, anticipando incidencias operativas, explicando caídas de conversión o entendiendo qué variables influyen realmente en el margen. Menos cuadros de mando y más decisiones concretas.
Por último, en un país como España, la IA aplicada a pagos tiene un potencial especialmente transformador: democratizar capacidades avanzadas. Funcionalidades que históricamente solo estaban al alcance de grandes retailers como optimización, análisis predictivo, automatización, hoy pueden integrarse directamente en la infraestructura de pago de las pymes. Plataformas como Sipay juegan aquí un papel relevante no por “usar IA”, sino por estructurar pagos, datos y experiencia de forma que estas decisiones inteligentes se produzcan de manera natural en el día a día del comercio.
2) ¿En qué punto se encuentra España frente a otros países europeos en el uso de IA aplicada a pagos?
España se encuentra en un punto interesante dentro del contexto europeo, con margen claro de crecimiento, pero también con características propias que condicionan, y en muchos casos impulsan, la adopción de inteligencia artificial en pagos. El mapa europeo es profundamente asimétrico, con países que han evolucionado en torno a esquemas y hábitos muy distintos.
En el caso español, el ecosistema de pagos es especialmente diverso. Conviven tarjeta, wallets, transferencias inmediatas, pagos físicos y digitales, y soluciones locales con una altísima adopción como Bizum. Esta realidad obliga a gestionar múltiples lógicas de pago, expectativas de usuario y modelos operativos en paralelo. Lejos de ser un problema, esta complejidad convierte a la IA en una herramienta estructural, necesaria para orquestar, optimizar y escalar sin fricción. En mercados europeos más uniformes, esa presión simplemente no existe con la misma intensidad.
Otro elemento diferencial es el peso de la pyme. España cuenta con un tejido empresarial muy atomizado, y ahí la IA aplicada a pagos está jugando un papel clave para cerrar una brecha histórica. La posibilidad de incorporar inteligencia directamente en la infraestructura de cobro permite que pequeños comercios accedan a capacidades de análisis, optimización y automatización que antes estaban reservadas a grandes grupos. Esta bajada de tecnología al terreno operativo es uno de los vectores más interesantes del mercado español.
En cuanto al marco regulatorio europeo, todavía está en plena evolución. Iniciativas como PSD2, DORA o el futuro AI Act están definiendo el terreno de juego, pero aún queda recorrido para ver cómo se materializan en la práctica. Más allá del resultado final, este contexto está obligando al sector a reflexionar sobre cómo aplicar la IA en pagos de forma responsable, explicable y sostenible, algo especialmente relevante en un entorno tan sensible como el financiero.
España se mueve en una posición intermedia pero con un potencial significativo. La combinación de un ecosistema de pagos diverso, una elevada adopción digital y un tejido empresarial exigente crea un entorno complejo, pero muy fértil, para la inteligencia artificial aplicada a pagos. El reto en los próximos años no será tanto incorporar más tecnología, sino integrarla de manera coherente en la operativa real de comercios, usuarios y proveedores, asegurando que la IA aporte valor tangible, mejore la experiencia y acompañe la evolución del mercado sin perder de vista la confianza y la estabilidad del sistema.

